Wednesday, October 28, 2009

Reseña Museo de La Inquisicion

Lo que primero comenzo como una simple salida familiar....

Visita al Museo de la Inquisición y del Congreso

Hay una gran diferencia entre conocer la historia de nuestro país, algo que muchos hemos aprendido a lo largo de nuestra vida desde que agarramos nuestro primer libro de historia en el año inicial, sin embargo otra cosa muy diferente es verlo con tus propios ojos, ya sea a través de restos materiales como esculturas, cerámicas o lienzos que han sido restaurados, así también como complejos arqueológicos, libros que han sobrevivido al paso del tiempo, restos fósiles, etcétera. El solo acto de estar dentro de uno de estos complejos que datan de cientos a miles de años atrás o tocar alguna de estas piezas, da una sensación de estar tocando parte de la historia, de nuestra historia, de ser parte de una larga línea de descendientes cuyos orígenes se encuentran justamente donde estamos parados, nos recuerdan de donde vinimos y nos hacen entender hacia dónde vamos, y justamente fue aquella la sensación que volví a descubrir junto con mi familia al visitar uno los más importantes museos de Lima.



Exactamente a las 11 y media de la mañana nos preparamos para salir. Gracias a la insistente persuasión de mi padre, terminamos dirigiéndonos al centro de Lima.
El museo de la Inquisición, se encuentra ubicado en el jirón Junín, frente a la sede del Congreso, la entrada es libre y funciona de lunes a domingo, hoy es sábado, y el clima es bastante soleado; al hacer nuestra entrada nos percatamos de la sala principal, la cual es redonda y deslumbrante, mientras me acerco puedo ver las pinturas y los bustos de algunos de los personajes más importantes de la historia peruana, no hay muchas personas esperando adentro, solo una pareja de esposos agarrados de la mano, las personas entran por grupos, asi que tenemos que esperar a que el turno anterior termine su recorrido, no pasan mas de quince minutos cuando veo a un grupo de personas salir, la guia, una mujer de mediana edad y aspecto bastante formal nos indica a que la sigamos.
La primera sala es la llamada "Sala de de las Audiencias", en general en esta sala los inquisidores, las autoridades religiosas de ese tiempo realizaban las audiencias de los procesos a su cargo, también se efectuaban otros actos protocolares y ceremonias propias de la institución tales como los autillos o autos de fe privados. Ya abolida la Inquisición, desde los inicios de la vida republicana hasta 1939, esta misma sala sirvió como sala de sesiones del Senado Nacional.

Primera Sala del recorrido.



Aqui se muestran a los Inquisidores y al Acusado.




La explicacion de la construccion de esta sala fue acompañada por una no-tan-breve reseña historica sobre los comienzos de la Inqusicion española en el Peru, las explicaciones de la guia fueron claras. Los autos de fe eran las ceremonias, cuidadosamente organizadas por el Tribunal, en que se leían las sentencias de los acusados. a un abundante conocimiento sobre el tema, y aunque las doce o mas personas que se encontraban nosotros prestaban una considerada atencion a lo que nuestra guia decia, en verdad nos parecia mas interesante echarles un ojo a los maniquis que representaban al acusado y detras de una mesa al inquisidor, el calificador y el fiscal.
A continuación siguieron la Sala de los procesos, el cual fue construido como ambiente de descanso del Senado, sin embargo a raíz del incendio de la Biblioteca Nacional, se utilizó como sala de lectura de la Biblioteca Pública de la Cámara de Diputados, alrededor de 43' hacia el 96', a continuación vino la Sala de los Autos de Fe, donde se encontraban dos pinturas muy detalladas y de gran tamaño, estas pinturas representaban el proceso y la realización de un auto de fe en la Plaza Mayor.



Sala de los Autos de Fe



Pintura que representa un Auto de Fe en la Plaza Mayor





Entre los restos que se pueden encontrar en esta sala se encuentran grilletes que se utilizaban en los prisioneros, barrotes originales de las celdas del Tribunal y clavos de la construcción del inmueble, además de una nueva representación del Escudo de la Inquisición.


Escudo de la Inquisición renovado




'Nuestro recorrido continuó con la Sala de las Celdas Secretas, la Inquisición usaba dos tipos de celdas: públicas y secretas, en las primeras, los reos cumplían el tiempo dispuestos por sus respectivas sentencias, dentro de las celdas secretas eran encerrados los sospechosos mientras transcurrían sus procesos, su nombre se debe a que en ellas los reos estaban incomunicados, no podían recibir visitas por el tiempo que permanecieran allí.
Siguiendo un orden, continuamos con la cámara de los tormentos, en la cual se muestran diferentes formas de tortura como la tortura del Potro, la Pena del Garrote, tortura del Agua, del Azote y de la Garrucha, los cuales se utilizaban cuando el reo había caído en contradicciones manifiestas en sus declaraciones en los Autos de Fe, las cuales eran bajo juramento, o cuando habiendo numerosos testigos u otras pruebas el procesado se negaba a confesar, ciertamente en algunas ocasiones los procesos fueron arbitrarios, autoritarios, donde la suerte del acusado se encontraba decidida de antemano, y donde los jueces, con crueldad inhumana, presentaban una farsa de juicio para terminar entregando al reo primero a la tortura y luego a la muerte en la hoguera.

Sala de los Tormentos



Dentro de la Sala de los Tormentos y ante la sorpresa de todos, nuestra guía nos indicó que descendiéramos por una pequeña escalera que se encontraba en una esquina, el espacio era pequeño y se adentraba formando un pasaje subterráneo, esta parte del museo se llama los Túneles Secretos, que comunicaban las Celdas Secretas con otras áreas subterráneas, fuimos recorriendo un pasadizo angosto, observando, a través de gruesos barrotes cuartos ocultos que alojaban a los prisioneros por largos periodos, antes de salir de los túneles la guía nos indico la existencia de dos rejas originales de la época y que están trabajadas en fierro forjado.
Entrada hacia los Túneles Secretos desde la Sala de los Tormentos
Saliendo de los Túneles Secretos llegamos a la ultima sala del recorrido, la Sala de las Constituciones, resguardada por el busto de Ramón Castilla en una de sus esquinas, se conservan las Constituciones Políticas del Perú, desde la primera del años 1823, hasta la actualmente vigente promulgada en 1993.

Constitución peruana de 1823


Finalmente salimos al Patio Sevillano, decorado por cientos de azulejos típicos de las casas de esa época, a ellos se debe el nombre, una última descripción sobre el patio hecha por nuestra guía, quien nunca paró su modo bastante formal de explicarnos la cosas y con su permiso para tomar fotos, comienzo a filmar a un par de niños que se encuentran jugando y corriendo en los alrededores, me doy cuenta que en toda la visita esos niños disfrutaron el correr por los pasillos y tocar aquellos muñecos de plástico aun mas que el saber su significado, después de todo, son niños, necesitan divertirse, y este museo necesita ofrecerles eso a cambio de que ellos puedan llevarse algo de conocimiento, desarrollarlo y convertirlo en un hambre insaciable por llenarse de cultura e historia.Este es el final del recorrido, nuestra guía se despide indicándonos la salida, dejamos atrás los túneles, los pasillos secretos, los muñecos torturados, a Ramón Castilla, en fin, a toda esta representación histórica de una época que cambio al Perú, que forma parte de nuestro pasado y patrimonio histórico, esto es lo que realmente vale, el conocimiento propio de nuestras raíces, la identificación con nuestro país, el saber que tenemos tanto que ofrecer pero que sin embargo no se encuentran los métodos suficientes o no hay iniciativas para crear nuestras propias marcas, se está en camino pero todavía hay mucho que hacer, y como leí una vez en un libro: “el enemigo de lo extraordinario es lo bueno”, lo que este museo representa, su aporte cultural y turístico y su desarrollo a través de los años ha sido bueno, pero requerirá mucho esfuerzo y dedicación para pueda ser “extraordinario”, y eso es lo que esperamos.

Diana Barrantes Li Elguera